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Tu concepto necesita un diseñador

Hace ya algunos años estuve trabajando en el equipo que desarrolló la identidad visual de la Cátedra Pascual Carrión, en la Universidad de Agrónomos de la UPM. Guiados por la inercia de un concepto para todo, utilizamos una técnica que ahora es muy común pero que antes no lo era. Como el entorno era la agricultura, para elegir la gama de colores de la identidad visual tomamos la imagen de Las espigadoras de Millet y a través de un software extraímos su gama de color predominante.

El concepto era genial: historia, cultura, referencias, etc. sin embargo nos topamos con dos inconvenientes importantes. El primero es que no teníamos una imagen original del cuadro, y las fotografías que encontramos eran diferentes entre sí. Pese a que la escena era la misma los colores en unas imágenes estaban más apagados que en otros debido a diferentes calidades de escaneados y modos de color. ¿Cuál era el válido? Todos y ninguno... la idea perdía coherencia.  

 

 

Tres imágenes del cuadro Las espigadoras de Millet (1857). Todas tienen algo en común, la gama resultante es demasiado ocre.

 

El otro inconveniente fue que pese a la potencia de la idea, las gamas de colores que salían y que eran completamente conceptuales eran demasiado ocres. Había un conflicto, ya que el concepto tiraba a la basura todos nuestros conocimientos sobre teoría y psicología del color. Al final en nuestro caso predominó la cordura.

Decidimos seguir nuestra intuición y aplicar nuestros conocimientos de diseñador manteniendo parcialmente la idea. Por lo que creamos una paleta de color que se acercaba a lo que considerábamos que era lo adecuado para la estrategia de dicho proyecto. Por si tienes curiosidad, aquí tienes una manera muy sencilla de cómo crear armonía en una paleta de color ya existente.

 

A modo de conclusión

Hemos llegado a un punto donde el concepto ha pasado de ser una guía o un soporte, a ser una caja fuerte donde se justifica cualquier cosa y el diseñador se esconde de sí mismo, muchas veces por falta de conocimiento. De ahí que encontremos trabajos conceptualmente muy fuertes, pero cuyo resultado es realmente débil. Tener un concepto es necesario, pero no a cambio de perder un diseñador. Con el suficiente conocimiento y flexibilidad mental, su convivencia, es posible.